miércoles 8 de julio de 2009

un nuevo hijo...

anoche soñé que tenía un hijo.

no es la primera vez que sueño esto, y como las otras veces, es bastante tétrico.

tenía a mi hijo y esta vez ni era del ignoto pasajero armenio del bus. No tengo idea de quién era el padre, no aparece en el sueño...

Igual, tenía a mi hija. Era una nena y la verdad era preciosa. Todos me decían que no iba a poder sola pero me las arreglé. Como tenía que ir a la radio, la dejé en un sillón acostadita y me fui.

Cuando estaba volviendo, recordé que entre los almohadones habían quedado las cosas del tejido, así que me apuro a regresar por miedo que se hubiera herido con alguna aguja o tijera. La niña estaba como yo la había dejado, porque, como siempre que tengo hijos en mis sueños, son de plástico.

Y, en efecto, la niña tenía una herida en el cuello. la noto cuando le doy de mamar y la leche se escurre por su garganta. no sangraba, obviamente, sólo se volcaba la leche por ahí y yo temía que mueriera de hambre.

No recuerdo mucho más allá del hecho de que nadie quería llevarme al hospital...

martes 19 de mayo de 2009

A diez! A diez la manzana....!!

Ahhhhh
A veces sueño cosas buenas...
Anoche presencié la transformación de una feria barrial (de esas sucias ferias que dejan olor a pescado y restos de verduras podridas por todos lados) en un supermercado. Prolijo, de esos que echan todos lo pescados podridos y demás inmundicias en donde corresponde.

Empezó sin mucho ruido. Los puesteros dejan de pelearse por los mejores lugares y, de común acuerdo, se organizan en según la temática de su mercadería. Todos los pescaderos en un lado. Los verduleros en otro. Los quesos y lácteos. (Incluso, una interesante novedad que contradice los principios más arraigados de la supermercadería: los fiambres están en un sector distinto al de los quesos, rompiendo así una tradición que de ignotorigen.) Hay carniceros, en un lugar especialmente lleno de moscas tornasoladas. Esto, quiero decir la venta de carne, que no me sorprendiera durante el sueño, sí me llamó la atención al despertar. Pero los ecos del emprendimiento aún seguían operando una lógica onírica a mi alrededor y la respuesta llegó en la especie de las voces de los carniceros feriantes que, desde la oscuridad de ese rincón de mi cuarto, decía: «si el pescado se pudre más fácil, por qué no podemos vender carne? Cómo hacían antes nuestros Padres Carniceros!».

El súper tomó forma. Un exitaso. Aparecieron puestos para envolver regalos. Pasando los vendedores de ajo y especias artesanales se juntaron todos los puestos de enlatados, de embotellados, de embolsados. Hasta que la comunidad comerciante se ve que se propuso imitar a los viejos supermercados y decidieron que había que pagar todo en un solo lugar. Como una especie de kermesse. El comienzo del fin, supongo. Yo, al menos, comencé a despertarme, y entre los últimos ecos lejanos escuché cómo los supermercadistas se peleaban por los mejores lugares, eso sí, ahora en forma corporativa. Vuelta a empezar.

miércoles 6 de mayo de 2009

Una carrera exitosa

Como consecuencia de un pasado brumoso me encuentro dedicado a la siguiente maniobra: Tengo una estación de servicio. Es un simulacro de estación. Una oficina semoviente que, sin que las víctimas de mi maniobra lo noten, puede desplazarse hasta distintos emplazamientos. Adentro tengo una manguera y abajo del piso un tachito con nafta. Así se logra el efecto de que la estación opera. También tengo socios. Son sombras.

La idea es simple. Quiero embaucar algún socio capitalista para la estación. Cuido todos los detalles porque viene un interesado. Repaso los vidrios. Las cortinas están parejas. La manguera funciona.

El negocio debe haber funcionado, supongo, porque me encuentro en un entorno más próspero. Si funcionó, no fue en aquella instancia ya que otra vez tengo un batiburrillo de memorias; intemperie. Memorias de lluvia. No especialmente furiosa. Ahora son las elecciones nacionales y las gana Hierro. No se lo espera. Lo sé porque estoy en una posición privilegiada para saberlo, ya que soy el novio de su hija. El tipo no se lo esperaba y desde temprano en la tarde se había dedicado a chupar Johnnie Walker y, ahora, en pedo, no sabe cómo encarar el discurso de agradecimiento. (Y yo sospecho que él no se da cuenta de cuánto tiene para agradecer.)

Por suerte para todos entra el Cuqui y le dice que se tranquilice. Sonríe siempre. Mejor que estés en pedo así nadie te extraña, le dice, y le pasa una mano por el hombro. Después se lo lleva para aconsejarle en privado. Recuerdo que cuando ganó el Cuqui yo estaba saliendo con su hija. Después me acuerdo que no, que esa vez había perdido.

Otra catarata de recuerdos. Más oscuros esta vez. Más breves pero más pesados. No llueve,; igual no hay lluvia que haga olvidar. Oficinas. Reuniones. Conciliábulos. Dirijo una oficina, ahora. Nadie trabaja y yo quiero, de corazón, que las cosas se hagan bien. Así que indico cómo deben diseñarse los trámites. Todos aplauden pero ninguno aprende. Soy el único que empuja. Decido armar almuerzos de trabajo para trabajar en el tema. Todos están dispuestos a ir al Subte a comprar pizza, y a servirla entre los expedientes, pero ninguno me da bola.

Cuando me desperté me quedé un rato pensando si el Cuqui tenía hija.

miércoles 4 de marzo de 2009

tres noches tres

No tengo ganas de escribir mucho, pero quiero dejar constancia de tres noches con sus sueños.

Noche uno. Alguien hace un chiste y me río. Me río como hace tiempo no me reía ni en la vigilia. Me río tanto que me duele y me despierto. Me despierto con todos los dolores típicos de unas buenas carcajadas. (aunque creo que son por el colchón maltrecho) Lástima que no recuerdo el chiste, era el mejor de todos contado como debe ser.

Noche dos. Voy a París. Voy de viaje a París con Verónica. Nos consiguen un lugar para hospedarnos que es una suerte casa okupada. Tienen un paraíso en el patio y nuestro cuarto queda en el piso de arriba. El patio es como de las antiguas casas coloniales, en el centro de la casa y las barandas son celestes.

Salimos a caminar por París y entre la bruma llegamos a ver la Catedral de Notre Dame. Que es una mezcla de la misma Notre Dame con la iglesia del Cerrito y la iglesia de Santa Sofía. Llegamos y nos sentamos en los escalones. El interior es tan sencillo… pero no me parece extraño. Lo que me gustó de este sueño fue la emoción sincera de estar ahí y ver la catedral. Como si realmente estuviera ahí. A veces me imagino lo que sentiría al visitar lugares que ansío ver desde niña, lo bueno que en los sueños lo siento verdaderamente, porque estoy ahí. Sí, estoy.

De alguna forma este sueño sigue pero ya pasa a un escenario pesadillesco. Está anocheciendo en París y vemos volar bien alto unas aves negras. Muchas. No son aves, son unos murciélagos infames que roen los cimientos de los edificios durante el día.

Serio peligro, porque en mi sueño, en la noche la tierra queda en el cielo y viceversa. Entonces, los edificios debilitados en sus cimientos por estos murciélagos, pueden desprenderse y salir flotando hacia el cielo que está debajo. Parece que el único lugar seguro son los puentes. En el sueño llego a esta conclusión mediante un razonamiento que ya no recuerdo. Sé que se viven momentos de terror y con Verónica tratamos de advertir del peligro y evacuamos a cuantos podemos hacia los puentes.

Noche tres. Tengo que viajar, pero como no me da el tiempo, cambio el pasaje para otro horario. Nos distraemos charlando en una mesa de tres cruces con unos amigos. Son muchos y muy mezclados. Incluso está Jack Black, que no es un amigo, claro, pero en el sueño parece que sí.

Después estamos en casa. Con un amigo jugamos con un juguete que es así: Se trata de dos pelotas tipo billar. Tienen dos cuerdas que los unen y son huecas y tienen unos lentes. Se pone una persona frente a otra y trata de enfocarla con el lente dentro de la pelota, cuando lo enfocás, tirás de la cuerda y la pelota de billar le da en plena frente al compañero de juegos. Así una y otra vez hasta atontarse mutuamente. Me ligué un par de pelotazos, que dolieron, claro.

Que no se entere Royal, porque ya me imagino a cacho bochinche presentando el juguete y obligando a Víctor (el de las marionetas) y a pelusita a que lo prueben en cámara.

viernes 30 de enero de 2009

Dark City

Así sueña sokon.

video

martes 25 de noviembre de 2008

Tortugas Torturadas

I.
En la vigilia: Uno compañero de trabajo encontró en la ruta una tortuga, estaba maltrecha. Tenía un ojo hundido y la caparazón astillada en los bordes. Me la llevo para casa para llevarla a la veterinaria. Me dice que está bien en general, me indica como alimentarla y planeo llevarla a rocha en el verano y soltarla en algún tajamar.

En el sueño. La tortuga está en el fondo de casa. La voy a ver y veo que tiene fiebre, que está sufriendo. Entonces pienso en matarla, para que no sufra más. La estrangulo. Pero como no muere, le abro la caparazón -también está caliente por la fiebre- que es como una tapa y agarro su corazón y lo apreto. Lo apreto tanto que me sale el corazón por entre los dedos.
La tortuga muere.

En la vigilia. A la mañana siguiente me dio culpa verla, pobrecita. En enero de ese año la llevé a rocha. Espero esté bien.

II.
Otra vez tengo una tortuga entre mis manos. Pero esta es como de caricatura, como las de la Warner, esas que se sacan la caparazón como un traje y son verdes y redonditas.
La tengo que estrangular, pero no me acuerdo por qué. Posiblemente no haya un porqué. Se me complica, porque cuando saca la cabeza y la voy a agarrar, la mete de nuevo. Al final logro cazarle el cuellito y la apreto fuerte… se le sale la caparazón y queda como una tortuguita de trapo entre mis manos.

III
Estoy en una playa. De esas playas con que sueño seguido donde el mar está embravecido y casi no hay arena por la marea alta. . Es de tarde casi noche, estoy entre dos luces y veo que algo se mueve en la orilla. Voy a ver y es una tortuguita, de esas que vemos en los documentales, que salen de la arena y se van al mar. Pero era una sola. Sale para el lado de los médanos, un poco desorientada. La agarro como para reorientarla, y la miro de cerca, es casi transparente. De tan de cerca que la miro, me muerde la nariz. La tiro al mar, como un frisbee.

(Manuelita, alejate)

domingo 9 de noviembre de 2008

Murieron como las cucarachas que son

Este es un sueño viejo, tiene más de diez años.

Vamos con Nahuel en un VW. Es un VW escarabajo.

El va manejando y entramos en un monte donde se nos hace dificil el camino y el insiste que una pendiente no es tan empinada, pero yo creo que si tratamos de subir por ahi nos vamos a volcar.

Cuando estamos por volcarnos le doy vuelta el volante y el auto tiembla y se cimbra, pero llegamos a un sitio mas llano encima de una colina. Por alguna razon no me siento con ganas de pensar en la vuelta.

Nahuel se jacta de su buen criterio y no se si lo hace para fastidiarme o simplemente de inconciente que es.

Nos bajamos del auto. Tengo muchas ganas de orinar y como es de noche no tengo reparo en hacerlo contra el tronco de un arbol. Estoy pensando en cual seria mi reaccion si Nahuel se me acercara y tratara de chuparme la pija, como Raul, cosa que me causa mucha gracia y me rio y él me pregunta de que me rio. La voz se oye muy lejana.

Antes de tender el campamento convenimos en pasear un rato, cansados del viaje.

Por ahí escuchamos voces y yo no quiero ir pero Nahuel insiste. Tiene el argumento a su favor que la ultima vez que caminamos hacia las voces encontramos una cabaña con unas cinco chicas adentro y aunque no nos franquearon la entrada, Nahuel piensa que solamente debemos tener paciencia.

No puedo sacarme de la cabeza que es tarde por la noche y el monte está oscuro. Todo eso me hace pensar que cualquier cosa es posible, y recuerdo historias sobre gente perdida, gente a la que nunca nadie más volvió a ver. Gente que nadie extraña. Y creo que es posible que esa gente esté acechando en sitios como este.

Nuestros vagabundeos nos conducen a las inmediaciones de otro campamento donde vemos a unos ocho tipos practicando capoeira o algun arte marcial raro. Nahuel se queda sorprendido, pero pronto pierde el entusiasmo al ver que no son malabaristas ni sentir el aroma de la marihuana.

Nahuel consume. A veces. Y vende. A veces. A fin de ser sincero, no es la compañía más segura, pero es muy lindo. Es un chico extraordinariamente lindo: rubio, fornido, de ojos verdes, dientes blancos y perfectos. Al lado yo soy un cuervo: pelo negro, camiseta blanca. Las chicas se le acercan y si yo estoy al lado, también se me acercan a mi.

Ya se, tendría que discutir mi complejo de inferioridad con mi psicoterapeuta.

En fin, él se cruza de brazos y yo miro el entrenamiento. Los chicos son fuertes y agiles. Tienen una precaria instalacion eléctrica con bombillas colgando de dos cable cruzados. Así iluminan todo el sitio, que es bien amplio. Del otro lado de donde estamos nosotros hay como una caseta de madera, muy rústica.

Insto a Nahuel a acercarnos a hablar y tomo la iniciativa. Bajo una lomita hasta el llano donde estan los tipos, un par de los cuales rapidamente se detienen y me hacen saber que no quieren que pasemos.

Hago un elogio de sus proezas, pero esto no me gana su aprecio. Le digo que me gustaria probar, pero ellos no solo que se niegan sino que nos llevan a la subida de nuevo a los empujones, argumentando que ese arte no es para la gente de la ciudad o algo. Algun prejuicio xenofobo.

Lo curioso del caso es que mientras estamos cerca, puedo ver que bajo el toldo rustico hay dos chicas. Una de las chicas es pelirroja, con la piel suave y rosada. La otra es morocha. Ambas tienen tienen tetas grandes; este hecho no se me escapa porque puedo constatarlo a pesar de la distancia que nos separa. Como tampoco puedo dejar de constatar que estan atadas con sogas de cáñamo que les lastima la piel de las muñecas y los trapos en las bocas ylas lágrimas secas en las mejillas.

Por fin, entre amenazas y empujones nos devuelven al camino. Y entre disculpas serviles, consigo que dejen de prestarnos atención y nos alejamos a la carrera. Nahuel no para de preguntarme si vi a las chicas, y estamos temblando de miedo pero agradecidos de nuestra suerte porque esos tipos andan en algo muy turbio que es mejor ignorar.

Para entonces nos hallamos muy cerca del VW, por lo que tras huir me meto en el coche y saco la 357. Vuelvo al lugar y la emprendo a los tiros contra todos ellos. Mato a los dos mas pendencieros, y a otro par que trata de huir. Los demás se congelan, y esto me da tiempo a cargar el arma y dar cuenta del resto. Estamos en un lugar apartado (esto es evidente, porque si no los rufianes no cometerían sus crímenes aquí) y podemos dar por descontado no solo que nadie escuchó los tiros (como nadie escucharía los gritos de las muchachas) sino que tampoco descubrirán a los cadáveres. Sobre esto ultimo nos aseguramos cuando por accidente, mientras intentamos encontrar el camino de regreso al VW por poco caemos en un pozo lleno de huesos y cadaveres corrompidos que despiden un hedor espantoso.

En ese pozo están los restos irreconocibles de las otras tres chicas de la cabaña.

Ellas nos dicen que son prostitutas. Que si fueran chicas decentes, tendriamos su agradecimiento y su amistad aseguradas pero solo eso. En cambio como son prostitutas nos van a dar gratis algo mas.

Hacemos el amor en el VW, lo cual es muy placentero para los cuatro, pero a la mañana siguiente las chicas no estan. Tampoco está la plata, la droga que Nahuel trajo para vender ni el arma.

Envueltos en mantas, al frio de la mañana, salimos a hacer un fuego y preparamos café. Para cuando terminamos el café, es entrada la mañana. Con la luz del día encontramos el arma, pero unicamente eso. Nos volvemos al auto y nos vamos de ahí, casi sin hablar y cuando lo hacemos es para reírnos porque nos sentimos de muy buen humor.

Volvemos a pasar por el sitio donde estaba la cabaña porque pensamos encontrar a las chicas ahí, pero está abandonado, vacío, destartalado y nos miramos y yo digo: súcubos.

jueves 30 de octubre de 2008

Los sádicos

Creía que había ido a un lugar turístico, pero la gente del ómnibus ya era sospechosa. Los organizadores.

El flaco y bajo, morocho, con los músculos cincelados y la princesa que lo acompañaba demasiado tonta para ser cierta. Una maravilla de la estupidez, tan sistemática que tenía que haberme dado cuenta que eran fachadas.

Llegamos y las cosas empiezan a ir mal. Estamos aislados. El ómnibus se va. El chofer, grosero, tosco, se rie entre dientes. Es como un tipo que reparte tarjetitas de un prostíbulo al que le pagan en especies. Profundamente miserable. Uno casi diría irredimiblemente miserable. Lo odio tanto que me alivo de la incertidumbre.

Ahí empiezan las desventuras. Es como en un juego calculado. Primero no hay comida. La buscamos, nos agotamos. Después aparece, y cuando empezamos a comer está podrida. Ella se rie y nos consuela como a niños, con mucho pobrecito y mucha mano por encima del pelo.

Una mujer vieja rompe a llorar.

A veces se llevan a la gente. A veces vuelven, a veces no. Es como vivir en un campamento militar, muchas camas que son solamente parrillas de madera. Separados en barracas. A veces somos uno por barraca.

No nos dejan ir. Nos discuten. Nos convencen. Nos hacen creer que va a haber un suicidio masivo del que debemos ser parte, como en la masacre del reverendo Jones. Pero es mentira, no muere nadie. No hay suicidio. Las armas estaban descargadas. Los venenos eran de mentira.

Decido irme. Hablo con otros. Tiene miedo, saben que no nos van a dejar. No entienden por qué, pero saben bien que no nos van a dejar. Es como una novela de Sade, la parte donde descubrimos que vienen haciendo esto desde hace tiempo, que la agencia turística selecciona bien a los candidatos con un CRM open/free que extrae sus potenciales clientes de los sitios webs frecuentados por perdedores.

La puta, seré un perdedor pero soy uno violento.

Me gustaría pensar que es el valor lo que me motiva a irme, pero no. Es la llegada de un megatsunami, el ejército ruso, el deux ex machina. Me entero en un sueño donde oigo la radio (que nos sacaron para que estuviéramos aislados del mundo) que viene una ola gigante. No puedo aplazar más la huída.

El flaco y bajo con los músculos esculpidos, el siamés de la morocha alta y bobalicona, me detiene.

No voy a razonar, le digo.

Me insiste pero no oigo sus palabras.

No voy a razonar.

Saca un arma. Se ve que el tampoco. Sigue hablando pero a lo mejor por el hambre solamente veo el revólver y pienso: es un treinta y ocho. A mi no me gustaban estos revólveres, aunque de niño me gustaban más que las pistolas, por el tambor. En cambio cuando te lo apuntan a la cara se ve distinto: la punta de las balas que asoman en el tambor aparecen imperfectas y muy duras. Y así es increíble que pueda disparar y matarte.

Creo que me está pidiendo algo, que haga algo, como una prenda. A cambio promete liberarme. Pero se que cuando esté haciendo la prenda me va a matar. Puto, pienso. Hijo de puta, pienso.

Entonces veo llegar la ola. Es como si llegara de arriba,de tan alta.

Le grito, le trato de explicar. Pero no se da vuelta, hasta que es muy tarde.

La ola nos barre. Explota contra las colinas y las piedras, y me lleva como a una hormiga por el camino de nuevo a la civilización.

Estoy a salvo. Pero la otra gente no. Capaz que viven todavía. No se si confiar en la policía. Tengo que ir. Tengo que conseguir un arma. Tengo que reventarlos a como de lugar, para que el mundo vuelva a ser un lugar luminoso de vuelta. Luminoso de verdad, luminoso por dentro, porque la luz que cae sobre las cosas está envenenada de estos.

Encontrar al chofer no va a ser problema.

Estoy pronto para hacerle frente al horror. Soy el horror.

lunes 6 de octubre de 2008

Anima sola

LO! 't is a gala night
Within the lonesome latter years.
An angel throng, bewinged, bedight
In veils, and drowned in tears,
Sit in a theatre to see
A play of hopes and fears,
While the orchestra breathes fitfully
The music of the spheres.

Edgar Allan Poe


A veces me cruzo con mi alma en sueños. Me mira como reacia, como forzada a mirarme, como si prefiriera que yo no hubiera existido nunca, como uno mira una vieja deuda o una obligación.

Anoche fue en una escuela, alguna clase de escuela como la que le hicieron a Pierre Boulez para que volviera a Francia, el IRCAM.

Era uno de esos lugares maravillosos a los que les crecen pisos y anexos cada vez que uno da vuelta la esquina de un corredor, esta vez las paredes eran altas y sólidas, como hechas hace más de cuarenta años y con la aspiración a que duraran.

Yo había ido de colado, como siempre, con la secreta esperanza de encontrarla allí. Eso había guiado cada uno de mis pasos y cada una de mis acciones, y en eso me parecía a mi alma porque ella también prepara el escenario como sin verlo hasta que todo se ajusta a una representación. Entonces olvidaba que lo había hecho, y de ese modo quería conservar la inocencia.

Había cámaras y equipos de audio, amplificadores, consolas, había un escenario hecho con espumaplast y con una cortina como la del templo de Jerusalém, pero en vez de ser carmesí era de un púrpura o violeta que hubiera elegido la mano de Poe.

Creo que representaron El Gusano Triunfante. Ella, mi alma, era uno de los serafines que corría y aleteaba de un lado para otro. Y al final estaba en el coro que lloraba por el hombre.

Aunque había hecho todo lo posible para encontrarme con ella, cuando estuvo allí la evité. Bajaba la cabeza para mirar la consola, permanecía en la impunidad detrás de los reflectores. Quizá cruzamos algunas palabras sin que reconociera mi voz. Cuando terminó el ensayo, se retrasó y yo quise creer que me estaba esperando y no quise alcanzarla porque en el fondo la conozco bien.

Mis guardaespaldas, unos desaprensivos, ejecutaron mi venganza contra el decorado. Sin saber si me vengaban a mi, o de que.

viernes 19 de septiembre de 2008

Paracaidistas salvajes

Huidobro me aburre un poco. Demasiado tralalí alalí, demasiado paracaidista que desciende cantando como un tirolés. Son mejores los paracaidistas que descienden envueltos en llamas o, ya de plano, aquellos a los que no se les abre el paracaídas.

R.B. en una entrevista para Playboy


Soñé que había un hombre que iba a cruzar en ala delta a chorro el canal de Gibraltar.

Más tarde estaba en el apartamento de mis padres, que es en un piso 15. Estaba trabajando en mi computadora -que ya no está ahí- o escribiendo sobre mi escritorio -que tampoco está allí, y ni siquiera lo tengo yo.

No se si alguien entra al cuarto y me dice, o lo escucho por la radio o escucho el ruido, pero el ala delta falló y el piloto está cayendo.

Por el ventanal de mi cuarto -en la casa de mis padres- miro al piloto cayendo y abriendo su paracaídas. Lo puedo ver bien, veo el casco, los movimientos que hace con los brazos. Cae como en cámara lenta, pero es por la distancia. En verdad cae rapidísimo. El paracaídas sale y se desprende. Mientras el piloto sigue cayendo, el paracaídas se pliega, queda flotando y comienza a caer despacio.

Puedo ver mientras se precipita que el piloto tiene un casco blanco.

El piloto abre un paracaídas de emergencia. La tela sale de la mochila como una vela, queda atrás en el cielo, vertical, como un dedo fino tratando de alcanzar el otro paracaídas que sigue bajando suave como una pluma.

Desde esa altura no creo que tenga tiempo de abrirse el segundo paracaídas. Se precipita cada vez más rápido. Para no verlo apreto los ojos en el sueño.

Le doy tiempo a caer y a morir, aunque se que a veces esas cosas se tardan. Cuando abro los ojos veo al piloto, flotando como una pluma en su paracaídas, frente a mi a lo lejos, por la ventana. Como si no fuera a bajar nunca.

Había calculado mal la distancia al suelo, o pensé en el peor caso sin saber bien a que altura se pueden abrir aún los paracaídas. Por suerte D'os siempre se acuerda de eso.

sábado 30 de agosto de 2008

el de vampiros...

Es París en 1890. Yo soy un vampiro. Sí, en masculino.

Tengo dos cómplices: un matón de poca monta. Es desprolijo. La ropa es la misma que hace tres días, como la barba y el aliento a vino. Una bailarina en decadencia que tiene un salón donde enseña ballet. Zapatillas rotas, medias corridas, alguna cana.

Yo visto firmemente de negro: tengo una capa y un sombrero de ala que me oculta el rostro. El detalle en rojo lo da un pañuelo de seda al cuello. El puñal de plata está junto al muslo derecho. No me veo, pero noto que tengo barba y bigote: los dos en punta, de corte maligno. La barba y el bigote negros, como el pelo que es largo y sujeto en media cola.

Llego al salón de baile cuando está terminando la clase. Las muchachas se están aprontando para salir poniéndose los abrigos (hace frío) cerrando bolsos y charlando entre ellas. Las que quieren cambiarse tienen unos vestidores con cortinas de terciopelo bordó.

Siempre queda alguna que se demora y esa es mi víctima. La bailarina cómplice se asegura de cerrar la puerta y el matón ronda cerca para que no haya problemas. Saco mi puñal antes de entrar al vestidor.

Es una chica de piel muy blanca que aún lleva puesta la malla rosa y la red sujetando el moño de pelo castaño. Se asusta cuando me ve entrar pero no tiene tiempo de reaccionar.

Me aproximo, la empujo contra la pared, con una mano tapo su boca y con la otra la apuñalo a la altura del vientre. La sangre corre por mi mano. La apuñalo otra vez. Más sangre. Ya no se mueve y su cabeza cae sobre mi hombro.

Sí, soy un vampiro, pero ni bebo su sangre ni muerdo su cuello. Parece que sólo quería asesinarla.

Hasta ahí recuerdo. Y, también, de este sueño siempre me quedó la impresión de sentir el puñal desgarrando la piel, hundiéndose en la carne y la tibieza de la sangre en la mano.
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Foto: Verónica Rey

viernes 15 de agosto de 2008

uno de ratas

El siguiente sueño puede herir su sensibilidad. Si termina pareciéndole asqueroso y horrendo, yo avisé.

Era uno de los típicos sueños que parecen un juego de computadora. Tenía que ir como por diferentes pantallas, cumplir una prenda y así seguir adelante. Todo transcurría en la casa que me crié. Sé que había más gente, pero no los recuerdo. Como siempre, en mi memoria sobreviven fragmentos, así que paso a narrar en presente lo que recuerdo.

Estamos en la biblioteca que luego fue mi cuarto, está vacía y pintada de un rosa furioso. No sé que es lo que hay que hacer… así que pido silencio al resto del grupo y escucho música al otro lado de la pared. Está ensayando La Dulce. Como conozco a una de ellas, la llamo para conseguir un poco de ayuda. No escuchan, están cantando.

Cuando intento golpear la pared para llamar su atención, veo que puedo pasar a travez de ella. Pasamos todos. Estamos en una habitación de colores -al estilo arco iris- pero con tuberías.

Hay un tipo. Flaco muy flaco y con casco. Es una caricatura y habla como tal. Le preguntamos qué hace ahí, qué tenemos que hacer. Nos mira sobrándonos. Uno comenta lo flaco que es.

-Es para pasar por los tubos, amigo, soy un destapatubos.

Si ud. lo dice. Le respondo de forma correcta y amable para que no se ofenda. En eso veo que apronta una pantalla donde nos muestra una presentación en video de su trabajo. ES una caricatura y la vemos en acción yendo a toda velocidad por tuberías hasta que se topa con la mugre. Ahí el tipo empuja con la cabeza hasta que le queda el camino libre como para seguir a toda velocidad. Fin del video. (mucho lost e iniciativa dahrma, pienso. N. del A.)

Ahora te toca a vos, me dice, y sin más me pone un casco y me manda para una de las tuberías. Por suerte no está obstruida. Llego al baño. Al baño de aquella casa. Está igual, enorme, con su bañera y sus azulejos verde agua. En una repisa hay una toalla y un paquete de siempre libre. El paquete se mueve. Voy hasta ahí y lo saco. Atrás aparece una rata enorme. Pero ENORME: Da un chillido y salta del estante, quiere escapar por la puerta que está abierta.

Le corto el paso y de un empujón la puerta queda entornada. No se cierra, así que pongo la pierna para que la rata no pase. El bicho se enoja y me muerde. Clava sus dientes en la pierna izquierda. Trato de desprenderla, pero me araña. Al final logro arrancarla. Se debate en mis manos así que intento estrangularla. No me dan las fuerzas y el bicho ya me está lastimando mucho. Vuelve a morderme la mano y esta vez le abro la boca hasta que le parto el hocico. Es horrible, la sangre chorrea por mis manos, pero el infeliz animal todavía vive. Empiezo a llenar la pileta con agua, cuando tiene algo, sumerjo a la rata que aún se revuelve en mi mano, aunque más débil, y empieza a ahogarse. Veo sus ojos a través del agua y son tristes. Siento pena por la rata, me da lástima verla así. Pero no hay nada que pueda hacer. Cuando vuelvo a mirar veo sus ojos vacíos, horriblemente vacíos. Y está muerta. La dejo en el fondo de la pileta, todavía con el agua que increíblemente permanece cristalina a pesar de tanta sangre.

Segundos, pasan breves segundos de alivio: la rata está muerta y yo puedo continuar. Pero de repente siento una mordida en el pie. Otra rata, esta vez aparece por el desagüe y sé que viene a vengar a la otra. Esta vez es más fácil, aunque creo que la rata es más pequeña. Con mis dos manos alcanza para estrangularla. Muere en un instante y la tiro a la pileta junto con la otra.

Voy hasta la puerta, que nunca cerré, salgo y me encuentro nuevamente en la biblioteca. Esta vez todo está en penumbras Estoy sola, me doy cuenta que estoy sola desde que llegué al baño. Intento pasar por las paredes como la vez anterior. Son de tela y no me permiten ir a Ningún lado. Se estiran, se estiran pero no puedo pasar… me desespero porque no tengo idea de a dónde ir ni qué ruta tomar. Alguien aparece, una mujer que viene a ayudarme. Es Carolina, amiga mía, pero vestida de Arwën. Me habla en éfico, pero no entiendo nada, por suerte aparecen los subtítulos en el sueño.

Hasta ahí recuerdo claramente, después es todo mas borroso. Me desperté con una sensación de asco. Eran las 4 de la mañana, acaba de sonar el despertador. En dos horas viajo y todavía tengo mucho que preparar. El gato esta a mis pies y pienso si él no habrá soñado con ratas también.

A él le hubiera gustado, seguramente.

jueves 7 de agosto de 2008

Sueño Z

Anoche me fui a dormir con un terrible dolor de cabeza.

En mi sueño había una reunión de copropietarios. Había mucha más gente de la que yo esperaba, y no eran mis copropietarios. Sospechaba que el administrador, un boludo, se había confundido y había citado cruzado. La reunión era al pie de un edificio, donde había un bar de esos con mostrador de mármol, y un montón de botellas y un espejo en el fondo.

Todo esto lo podía ver por una ventana, pero estaba clausurado con una reja.

Estaba por irme cuando llega quien parece ser el almacenero, que no es nada menos que nuestro amigo Z! Acostumbrado a los problemas con este administrador nos hace pasar a una sala detrás del almacén. Las habitaciones están separadas por cortinas. Nos sentamos en unos sillones (yo busco uno individual para mi) y Z desaparece atrás de una cortina.

Los otros conversan animadamente. Alguno se aventura a acercarse y preguntarme algo, pero soy bien tímido y no digo mucho. Z regresa y trae vino, que nos sirve generosamente. Luego desaparece y aparece intermitentemente porque está ocupándose de algo en un patio abierto -parece que fuera un perro, pero yo se que es un monstruo que razas que existieron antes que los seres humanos adoraron como a un dios. Cada vez que vuelve nos llena las copas y los vasos de vino.

Sigo tomando. Es un vino muy bueno, pero yo tomo en cantidades. Me da sueño y me duermo en el sillón. Por un momento sospecho que a Z se lo comió su monstruo y cuando vuelva va a ser el monstruo en la forma de Z.

Me despierta el barullo que hace la gente, afuera está pasando algo. En mi sueño dentro del sueño sospecho que ha llegado una estrella de rock.

Me aventuro hacia afuera por las cortinas y a través del almacén,

Está el portero, a quien -supongo que por efecto de la bebida- apenas recriminan por la confusión, y lo palmean en el hombro. El administrador no muestra señales de comprender lo que sucede.

Sale Z.

Para tranquilidad mia, sigue siendo Z.

Cada uno va por su camino, y Z vuelve a su almacén y a su monstruo. Yo pienso que no presté debida atención al vino, y que debí agradecerlo más profusamente.

En mi sueño me da un terrible dolor de cabeza, y busco entre mi ropa. Encuentro un blister de Perifar flex. Tomo uno.

Al despertar el dolor de cabeza se fue por completo.

viernes 1 de agosto de 2008

Soñar despierto

Yo sé que es válido soñar despierto, arrancarse como sea posible de este otro sueño tan pastoso y gris que llamamos realidad para acercarse un poco a la burbuja porosa y sacar un brazo, tal vez dos, con suerte la cabeza, saludar, ver el verdadero día. Como esta mañana, por ejemplo, mientras Didier charla con Christine sobre no sé qué problemas con un corpus ininteligible y Ghassan intenta terminar una aplicación que amaga desde hace semanas y Somara (la filipina asesina) sigue batallando oscuramente una anotación fonética con un formalismo que te la debo, quien garabatea estas líneas se esconde detrás de unos auriculares para poder corregir un artículo científico que tiene que enviar sí-o-sí, ya saben cómo es así que no me vengan a preguntar, les pido en nombre de Alá y el clan de los inmolados, no me interrumpan para saber si en el caso del lenguaje de chat al fonetizar desnasalizás con las mayúsculas en mitad de palabra, cuál SDK te conviene instalar para que la condenada aplicación funcione de una vez por todas o cómo es posible que el corpus esté tan mal armado (c’est comme ça, mon vieux, tant pis pour nous et là j'ai un article à corriger, merci).

Es decir que estoy en un párrafo acomodando cómodamente en el sarcófago la lectura sobre soporte electrónico basada en técnicas hipertextuales y entre citas a Brusilovsky, Bodner y Kintsch (porque no hay como la psicología cognitiva para esto) aparece inesperadamente Ringo con su Octopus’s Garden, Ringo con una ristra de sueños, acaso submarinos, y desde esta oficina que es el comedor de mi casa de infancia comienzo a subir las escaleras que me llevan al altillo, al sucucho inhabitable que hace poco declaré mi dormitorio –oh, pretensiones de catorce años– y que me he encargado de atiborrar de discos, casetes, revistas y libros, todo por el suelo, todo tan inabarcable, tan rancio ahora y oliendo a fresco, hermosa época de pelo muy largo y viento en la cara, días en los que cada libro es un libro menos y no un libro más y yo creo fervientemente en el bon sauvage, Rousseau y todas sus guirnaldas. Me doy cuenta de que nada ha cambiado. Didier comenta que deberíamos pedirle al cliente que revea el corpus y yo me digo, al ver el equipo de audio del año del gofio, que realmente nada ha cambiado.

Estoy descalzo. Es verano y estoy descalzo. Puedo oír a la lora entonar su “bicho feo”, a lo lejos responde la sierra de la carpintería vecina, miro por la ventana del altillo y alcanzo a ver la higuera en el fondo de casa, pienso en ir hasta ahí a buscar uvas y de paso jugar con los perros. Me doy vuelta y me doy de frente con un afiche de ostinato rigore (el hombre de Vitrubio) junto con otro de Lennon junto con otro de Chaplin sentado al lado del pibe que ya no soy pero que de alguna manera sigo siendo en esta oficina a dos pasos del Jardin du Luxembourg, en un verano que no se decide a establecerse. Y fijate que la de Chaplin justo está afirmada con chinches al ropero de roble –si seré hereje–, legado de una bisabuela francesa y venime a conversar un poco del eterno retorno.

Curioso eclecticismo, encima de una revista de Mortadelo y Filemón distingo el libro de diálogos socráticos que tanto consulto porque me resulta de lo más elaborado que he leído hasta el momento. Más allá está la misma Biblia que hoy pernocta en mi mesa de luz. Junto a la pelota de fútbol reconozco una pila de papel pautado en los que me atrevo a garabatear partituras para guitarra al gran influjo de Sor, de Tárrega, de Villa-Lobos, del querido Sinópoli y su método. Faltan dos años para que empiece a escribir; catorce para que deje de vivirlo como un estigma a ocultar.

Esa perra que ladra abajo es la Negra. La Negra está viva entonces, no murió mientras yo hacía lo indecible por reanimarla, alegría enorme e imposible, alegría sin nombre. Y mi padre le pregunta ya querés comer, si estarás cebada, vos. Papá vive también, Alá es grande, pero no bajo todavía, no sabría qué decirle, me decido a escucharlo un rato, sigue hablándole a la Negra, usando un vocabulario que me obliga a ir al menos una vez por día al gran Larousse ilustrado, vuelve Ringo, in our little hideaway beneath the ways. Yo sigo más flaco imposible, escuchando Beatles doce horas por día, aceptando treguas si es Zitarrosa o clásica, y leyendo todo lo que cae en mis manos, rateándome lo más que puedo porque la escolástica es digna de abominación y yo, desordenada lectura de los griegos mediante, creo tener una sólida posición teórica que lo demuestra. Sigo confiando en que bajo ningún concepto el voto amarillo puede ganar, por inhumano, por indigno, por infame, porque todos los amigos de mis padres que estuvieron presos no se lo merecen, no después de sus cuentos, de las fotos clandestinas, de las marcas que quedaron y que todavía puedo ver en reuniones que terminan siempre de madrugada.

La Negra vuelve a ladrar y tengo que bajar, es preciso bajar a verla, ir a jugar con ella, a decirle que de algún modo nunca murió entre un par de manos desesperadas porque la muerte no es más que un mal juego de anacronismos en el que yo no creo, y quiero bajar pero no es posible, quiero bajar pero hay que despertarse porque, ahora sí, Didier, que me observa escribir en este papel desde hace un buen rato ya, necesita saber cómo expresa un requerimiento y Somara (la filipina asesina con cara de barracuda) ya me mira de reojo porque prometí ayudarla con la anotación y a Christine le urge una brújula que con gusto y un buen clavo yo le fijaría en plena frente y Ghassan, claro, como desde hace semanas Ghassan con su aplicación que amaga y amaga y ahora me arrastra, me agarra del cuello de la camisa y me arrastra escaleras abajo, de nuevo a esta oficina, no hay más remedio, vuelvo a París, al 61bis rue Gay Lussac, al año 2008, a esta masa pegajosa que llamamos realidad y que no es más que un triste anacronismo que algún día dejaré atrás.

We would sing and dance around / because we know we can't be found / I'd like to be under the sea / in an octopus' garden in the shade

We would shout and swim about / the coral that lies beneath the waves / oh what joy for every girl and boy / knowing they're happy and they're safe

miércoles 16 de julio de 2008

sucundum sucundum


Estaba manejando por la rambla. Escucho en la radio que se están levantando olas enormes. Miro con atención y las veo. Realmente enormes. Antes que pueda pensar en irme (en realidad, nunca pensé en eso, sino en quedarme a ver) una ola enorme se llevó el auto. Todo negro, una voltereta y ruido de vidrios. El auto se hizo ñoqui. Supongo que el no haber estado nunca en un accidente de tránsito limita las sensaciones en ese sentido. Y a Dios gracias, claro. La cosa es que quedé como parada en el medio del siniestro pero igual vienen a rescatarme.

El rescate viene en un 181 de cutcsa. La Rescatista -y una especie de guarda- era Miss Universo. La que ganó ahora. Y abro paréntesis. Me parece a mi o todas eran muy parecidas? Me dio la idea de las muñecas Barbie. Todas muy parecidas pero con rasgos de latina, de asiática, de negra, rubia, algo así.

En fin, esta mujer iba en un ómnibus repleto de heridos, pero no se le borraba la sonrisa. Aunque su banda de reina estuviera ensangrentada.
Hubo un par de problemas con los boletos. No quería dejar subir a una joven porque no tenía boletos en el tambor de la boletera. Dijo que se los llevó el viento, pero esta otra no le creía. Desconfiada -y un poco wacha- la miss.

En el recorrido hacia el hospital, mientras calmaba a los damnificados, nos señalaba con admiración a un gran danés que pasaba volando. El perro volaba pero como parado en el piso, sólo se le movían las orejas. Volaba porque se lo llevaba un tornado.

Hasta ahí me acuerdo. Pero se está volviendo recurrente el sueño con tornados. A veces los veo formándose de lejos, pero sé que vienen.

En general los veo desde la esquina de la azotea donde viví la mayor parte de mi vida. Desde ese mismo lugar veo muchas cosas en mis sueños. Incluido el arribo de naves extraterrestres.

Pero con tornados sueño mucho.

Y eso que nunca vi uno.

No del lado de afuera.

miércoles 2 de julio de 2008

Flores en mi tumba

A V.C.

Estoy llegando tarde a la boda de Virginia en el Registro Civil porque un skinhead enorme me detuvo para darme propaganda nazi.

Llego cuando la ceremonia termina y el pasillo se llena de gente que les tira arroz y la muchedumbre nos separa y no me permite hablarle, aunque también me da un poco de miedo, porque estoy enamorado de ella. Con las manos en los bolsillos salgo del edificio y doy vueltas por ahí pensando lo triste que es todo.

El edificio esta frente a una plaza como las plazas de las capitales departamentales o los pueblos del interior, pero esta plaza es mas grande. Los arboles son altos y forman como un toldo a través del que es fácil ver el cielo nublado del color que lo ponen las luces de mercurio.

Empieza a lloviznar. Oigo un ruido extraño, como el chirriar de una respiración. Ese chirriar se va haciendo mas claro y se convierte primero en un chillido y al final en un grito de alguien que se acerca corriendo por el otro extremo de la plaza.

La plaza es tan inmensa que la figura es muy diminuta. Me parece que hay algún sistema en los gritos y creo que me esta diciendo algo. Yo estaba hojeando la propaganda nazi mientras llega el ómnibus pero decido acercarme y ver que sucede.

La figura, aunque lejana, esta corriendo en mi dirección y puedo ver que es Virginia. Empiezo a correr hacia ella pero la plaza es engañosa y lo que parece una distancia corta se demora una eternidad en recorrer y cada paso que doy no parece acercarme mas.

Empiezo a gritarle a mi vez, pero el aire enrarecido por la luz de mercurio que reflejan las nubes ahoga mis gritos, y la potencia de mi voz se cae y mis gritos son silenciados y es imposible que me oiga.

Oigo que cambia los gritos y pienso que pese a todo, fue capaz de verme. Entonces, la distancia infranqueable es recorrida en unos pocos segundos y nos cruzamos. Yo me detengo pero ella no se detiene y me grita su mensaje cuando pasa de largo pero no le entiendo lo que dice, como si me hablara en otro idioma. Sin embargo le veo los ojos y ese idioma si lo entiendo. En esos ojos veo el espanto y el horror sobrenatural. Y ese espanto me invade y me encuentro corriendo cinco metros detrás de ella sin poder alcanzarla antes de darme cuenta de que estoy gritando de pavor y huyendo de algo que ahora no solo la persigue a ella sino a mi también.

Me acuerdo de un chiste. Están Einstein y Bohr y aparece un oso. El oso se dispone a atacarlos cuando Einstein saca un par de championes Nike de 300 dólares y Bohr le pregunta: es que pensas que con esos championes vas a correr mas rápido que el oso? Y Einstein va y dice: no, pero voy a correr mas rápido que vos.

Entonces, lo que sea que nos persigue me alcanza.

jueves 26 de junio de 2008

así de sencillo.

Antenoche soñé que tenía un granito en la frente. Cual espada de Excalibur, aunque todos intentaban, nadie podía reventarlo… hasta que vino uno que sí pudo.

¡Y para qué!

Del granito, al mejor estilo Alien salió una especie de lombriz-serpiente (roja con bandas más rojas) que se le enroscó en el cuello y lo asfixió.

Anoche soñé que tenía cáncer. Un tumor en el cerebro. Para controlarlo tenía que inyectarme en la nuca, una jeringa con un líquido color lila.

Además estaba embarazada, eran siete niños a los cuales tenía que parir de a uno (y eso sería bastante lógico) pero no, porque los tenía que parir de a uno pero con meses de diferencia.

A veces también tengo sueños normales, de esos de volar.

domingo 11 de mayo de 2008

Roma


Definitivamente, ver Roma me hizo mal. Mis sueños están inequívocamente impregnados de historia romana.

Para empezar recuerdo una lucha con varios hombres en toga. La escena es de cuando asesinan a julio cesar. Muchos hombres en toga, pero en este caso empuñando pistolas de agua como estas. No eran gritos de desesperación, sino risas las que inundaban el senado. Cómo se divertía Cicerón.

Ahí ya me tendría que haber dado cuenta.

Más adelante, otra señal, un sueño confuso donde romanos, Pompeyo, batallas, la falange, estaba todo mezclado. Los sueños bélicos suelen ser confusos, así que no puedo dar detalles.

Y el más reciente, es de hace un par de noches. Mis fieles partidarios confirmaron un complot contra mí.

Yo vendría a ser Octavio Augusto César, pero como personaje nomás, porque el reparto como siempre en mis sueños, era bien amplio y abarcaba desde compañeros de escuela hasta vecinos de varios barrios.

El escenario es la casa de mi tía en Melilla. Afuera, sobre el césped, todas mis legiones esperando la arenga típica antes de la batalla. Ni idea de con quien peleaba. Sé que en el discurso me despaché con que sabía quienes eran los traidores y qué planeaban.

Fue interesante verles la cara de sorpresa “-¿Esta cómo se enteró?”. Interesante. Todos llevábamos togas, como si fuera lo más normal.

Ese discurso fue muy temerario de mi parte, ya que ellos, los traidores, tenían más legiones que yo. Así que dicho esto, me refugié en la casa con mi tropa fiel, la Treceava. (Pequeña mezcla ahí) y algunos partidarios de confianza. Acto seguido nos atrincheramos en la casa, preparándola para el sitio.

No fue gran cosa la lucha, la verdad. Aparte, duró poco, pues como siempre en mis sueños, derivó para cualquier lado, que ya no recuerdo.

sábado 29 de marzo de 2008

anoche soñé contigo...

soñé que no hacía falta, hacer ningún esfuerzo
para que te entregaras, en ti
yo estaba inmerso...

Kevin Johansen



Anoche soñé contigo.

Por alguna razón que no recuerdo, nos encontramos.

Estuvimos ocupados en una tarea que tampoco recuerdo, no es importante, pero ya cansados nos tiramos en la cucheta de abajo a descansar, uno al lado del otro, sólo los hombros se tocaban y estábamos charlando en la penumbra. No me acuerdo del tema.

Sé sí que en un momento nos movimos, yo me incorporé un poco sobre la almohada y vos quedaste de costado, pero te moviste hasta apoyar tu cabeza en mi hombro, pero mirando hacia mi cuello, de tal manera que tu boca rozaba mi piel y cada vez que hablabas sentía tu sutil aliento bajar hasta el pecho.

Tu pelo corto lo sentía contra mis mejillas y mi brazo izquierdo te rodeó para llegar a acariciarte justo al borde de la nuca.

Ante ese movimiento buscaste mi mano derecha para tomarla y entrelazar los dedos y así seguimos charlando, y no recuerdo la charla porque en el sueño estaba concentrada en ese abrazo, que fue tan vívido. Seguramente la memoria de mi cuerpo lo recuerda por el abrazo de otro, pero el saber que eras vos lo hacía muchísimo mejor. (diría infinitamente mejor)

Sonó el despertador. Te juro, no quería despertarme, quería quedarme en tu tibio abrazo. Cuando al fin volví a la vigilia, aún sentía tu tacto en mi mano... y cierta angustia al comprobar que era un sueño...

Creo que es una venganza despiadada de mi subconsciente, venganza porque quiero olvidarme de vos, y no me deja.

miércoles 19 de marzo de 2008

WAR

Como siempre, unos cuantos amigos mezclados, que nada tienen que ver unos con otros, el lugar siempre el mismo y como 10 mil extras.

Fue un sueño lúdico. Todos estaban jugando a algo. Yo me acerqué al aro de basquetbol. Le pedí a un amigo -que estaba en silla de ruedas- que me enseñara a tirar. Lo hizo, me explicó toda la técnica. El tiraba y embocaba. Yo lo intentaba y nada... no llegaba ni al aro. Tomaba mi tiempo y lo intentaba... ahora sí, pero no.

Desastroso. Así que me fui.

Llego a otro lugar donde están jugando al War. Juego que de chica me encantaba y del que supe ser fanática. Este era bastante más moderno y tenía la modalidad de poder jugar a varias guerras diferentes: primera y segunda mundial, de secesión... etc.

Pero con una particularidad: las fichas de colores eran mostacillas, canutillos y cristales de colores. Cuando me engancho en el juego ya estaban empezando con la repartijas de cartas y cada cual se había elegido un continente y me quedaba África para mí.

Pero no pudimos empezar a jugar, al parecer alguien había entreverado con los cristales del juego algunas joyas valiosas. asi que nos sacaron las fichitas.

Ahí no recuerdo más, Vincent, quien se ha erigido en mortal enemigo de Morfeo, me trajo de este curioso sueño a la realidad.

miércoles 12 de marzo de 2008

Tren

Como mi adsl de cuatro patas se encargó de despertarme a las 6 de la mañana, no hubo mucho desarrollo del sueño.

Pero la mano venía así:

Por alguna razón con Carolina, una amiga de la infancia, teníamos la
misión de hacer explotar un vagón del tren donde viajábamos.

El plan era: Poner la bomba y saltar por una ventanilla, caer en un camión cargado de heno que viajaba a la par y listo.

Sí, así de fácil.

El tema es que en el primer intento fallamos y mi amiga no logró salir. El sueño no llegó a pesadilla, porque del medio del fuego provocado por la explosión sale Carolina y tranquilamente dice: salió mal, vamos de nuevo.

Y al mejor estilo videojuego arrancamos la "pantalla" otra vez.

Al final salió bien y pudimos continuar con la segunda parte de la misión, pero mi estimado Vincent se puso a jugar con mi pelo que caía de la cama y me despertó a las 6 de la mañana.

viernes 4 de enero de 2008

Sueños Multiples

Creo que fueron varios sueños y no uno solo. Al menos eso me pareció cuando me desperté. En realidad también debo decir que no sé si me desperté. Durante todo el día he tenido la duda.

En primer lugar estaba participando de un programa producido por Marcelo Tinelli, que consistía en enamorarse. Ibas ahí y te sentabas en una ronda con los otros participantes, y ta, te tenías que enamorar. Algunas rondas eran más difíciles que otras, aunque me sorprendió lo fácil que resultaba. De última, pensé en un momento, la responsabilidad es de los otros.

Al final, porque el sueño en sí sólo desarrollaba la ronda final, gané el concurso (junto a una participante, sí, pero el que ganó fui yo) y me sentí bastante feliz. Sin embargo, después del programa, o tal vez al despertarme, me vino la duda de si debía alegrarme por ganar.

Como consecuencia del concurso –y esta es una segunda etapa del sueño, más veraz que la primera, reconstruida a posteriori– viajé a Francia. El trayecto fue Montevideo-Buenos Aires-París. El episodio arranca en París cuando me doy cuenta que no tengo pasaporte. En ningún momento lo tuve. En Argentina omitieron pedírmelo, y así fui a dar a Migraciones en París, sin un solo comprobante de mi existencia.

Me asusté, porque yo sabía perfectamente de qué era capaz aquella gente. Así que salté una verja y me escabullí, corriendo por una calle abovedada por las copas de los plátanos. Había una luz crepuscular tirando a noche. Ahora, recapitulando, hay algo en la imagen que me recuerda la película Vanilla Sky, pero es una sensación posterior al sueño. Creo que es la imagen de mí alejándome calle abajo (yo lo estaba viendo desde esa perspectiva).

Prófugo de la Ley Francesa me dispuse a malsobrevivir en la clandestinidad, y así he de haber llegado a una casilla que habría de transformarse en mi habitación. Era una piecita única, construida en medio de un campo. Recuerdo: la puerta estaba bastante separada del piso, por lo que quedaba un gran espacio por donde iban a entrar bichos y aire frío. La cama estaba destendida; amablemente destendida; pero ni bien vi la ranura de la puerta, vi también una araña bastante grande y bastante hirsuta en medio de mis sábanas blancas. No me preocupé demasiado; gracias a las arañas de césped de Parque del Plata, me he reconciliado bastante con los arácnidos. Había también una jarra y un vaso con agua en la mesa de luz. Y los vidrios estaban empañados. Y sucios; eso lo veía bien porque afuera estaba amaneciendo. Algún tiempo después volví a Migraciones, pero me volví a escapar antes de que me atendieran, maldiciendo a los argentinos.

Hay un tercer episodio de este sueño, que sobrevino dos noches después, y que, aparentemente no guardaría relación con esto, si no fuera porque una protagonista del mismo –estoy casi seguro– era la participante de la cual me había enamorado yo en el programa de Tinelli, y gracias a la cual había ganado.

Aceptando que este sueño era un nuevo episodio del anterior –todo esto siempre que me haya despertado dos días entre ellos, como creo– pude percibir más coincidencias: por ejemplo, evidentemente seguía viviendo en un mundo marginal, de proscrito o de prófugo, signado por hoteles baratos, horarios laxos, barrios bajos.

Había pasado bastante tiempo, y nos encontrábamos, yo y esta chica con la cual habíamos estado enamorados durante un episodio de Tinelli. En realidad era yo el que me había enamorado (por eso gané, ¿no?) pero parece que al final de cuentas, ella también. (Todo esto me parece que es culpa del último post de Rodia, que recientemente he vuelto a leer en vivo y en directo.)

Ese enamoramiento viejo era incluso mejor que uno nuevo, porque tenía ya adelantados varios pasos. Llegados a este punto, enamorados como habíamos estado, y al margen de alguna ley (que es una forma de liberación, pues una ley es todas, es la Ley), nos disponíamos a amarnos rotundamente haciendo uso de una de esas habitaciones que venían abundando a lo largo del sueño. El tema es que salía 205 pesos. Y eso me pareció excesivo. Un robo. Protesté. Mientras lo hacía iba sacando la tarjeta de crédito de la billetera.

Más o menos por ahí me desperté.

Creo.

domingo 9 de diciembre de 2007

Navidad

En el sueño la casa tiene la exacta disposición que tenía en mi infancia. El dormitorio de mis padres es nuevamente lo que, reformas varias después, sería el gran salón. La araña negra sin caireles permanece intacta y nocturna como siempre. Acabamos de volver los cuatro de un cumpleaños. Mi madre va al teléfono para verificar si hay línea. Hay. Nos vamos a dormir o eso creo porque curiosamente mi padre está vivo pero ya duerme. ¿Mi hermana? No lo sé. En la mesa de la cocina (la de cármica, amarilla, un poco abombada, que siempre me pareció horrible) yace una legión de conos forrados con papel satinado rojo, signos de una incierta Navidad.

Nos vamos a dormir o eso creo. Hace muchos años que no vivo más con ellos y no tengo cama. Mi madre me señala dónde dormir y no me decido. Digo que no tengo sueño aún, que voy a la cocina. Agrego que voy a guardar en la heladera los conos rojos (que aparentemente es comida que trajimos del cumpleaños) para que no se pudran. Mi madre dice que entonces desactive (sic) lo que puso para protegerlos: dos vasos con un líquido naranja, perfecto remedo de un vaso-vela aromatizante con aroma a durazno que tenía de adolescente y nunca usaba por una cábala que ahora no recuerdo. Me pide por cuarta o quinta vez que verifique si hay línea telefónica.

Al llegar a la cocina levanto el tubo y verifico. Hay. Soy consciente, en pleno sueño, de que el teléfono al que me enfrento vio su último día hace al menos dieciocho años. Bruscamente enojado por el pedido, le grito a mi madre por qué carajo insiste tanto con el teléfono. No llega a responder: mi padre se mueve en la cama y yo me despierto a más de once mil kilómetros y veinte años de distancia de una casa que actualmente está a la venta, sudado y con la garganta seca y la certeza de que una vez más pasaré la Navidad lejos de gente que quiero tanto.

martes 4 de diciembre de 2007



Bueno, apenas dormí una hora y media. Pero tuve un sueño tan intenso en sus sensaciones que realmente me impresionó.

Era de noche en Macondo* y como otros, éste era un sueño multitudinario donde se dan cita parientes, amigos, compañeros de trabajo y unos cuantos extras.

En un momento siento dolor en la cara externa del muslo derecho. Veo un tajo corto pero profundo del que salen dos brotes y observando con más atención dentro de la herida veo una semilla parecida a una haba que estaba enraizada en la carne.

Los brotes crecían velozmente: unos hacia fuera y otros, para peor, lo hacían por debajo de la piel, provocando más heridas que evidentemente empezaron a sangrar.

A nadie parecía llamarle la atención ni preocuparle que minuto a minuto se desarrollara esa enredadera que bajaba por mi pierna y que ya se arrastraba por el piso.

Era una hiedra de un verde brillante. Tenía flores amarillas y el aroma era como el de las azucenas. Porque sí, sentí hasta los olores…

Dato curioso: en el sueño pensaba… me voy a parecer a Planton (el villano del Pato Darwing) o a hiedra venenosa. Qué infantil.

En fin, decido ir al doctor. Llego y el consultorio era un cuchitril. Él estaba vestido con una musculosa, de esas que se usan debajo de las camisas, que estaba agujereada y manchada. Hacía calor, estaba transpirado.

Cuando ve lo qué me pasa, dice:

-eso es por andar metida en los pantanos.

Intento explicarle que yo no estuve nunca en un pantano pero no me escucha y procede a cortar la enredadera con una tijera de podar.

Realmente era doloroso, la sangre manaba de las heridas. En eso aparece un insecto: o una avispa con 8 patas o una araña con alas. Como gusten. Tenía el cuerpo azul eléctrico y patas afiladas color rojo sangre.

El bichito se revolcaba por la sangre, bastante asqueroso, diré. Me explica el médico que ése es un insecto de pantano, que pica y fuerte. No termina de decir eso y el bicho clava todas sus patas, afiladas como agujas, en mi pierna.

Aseguro, la sensación de dolor fue real. Tan real que me despertó.
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*Macondo, así nombro al pueblo donde vivo 4 días a la semana. Tan semejante al descrito por García Márquez, que realmente me extraña que se llame de otra forma.

martes 20 de noviembre de 2007

Un secreto que supe

Anoche soñé que me explicaban el secreto de la alquimia.
Era bastante sencillo. Primero tenía que aparecer una mujer; se entreabría una puerta y se asomaba. Tenía la piel blanca y el cabello castaño oscuro ondeado apenas lo justo para que no cayera lacio. Y un lunar sobre el labio, a la derecha o a la izquierda, pero del mismo tono, exactamente, que el pelo.

Ese era el primer paso. La chica venía a darte un poco de energía porque, después de haberte decidido a empezar la Obra, la necesitabas. Y vos tenías que acceder a sus cuidados. El tema es que no me acuerdo si esa figura era simbólica o literal.

Después venían otras etapas, cuya ciencia supe y dejé caer, sin quererlo, en las aguas negras del Leteo. Pero creedme que lo supe. Al menos durante un instante. Incluso luego de despertarme. Estuve un rato despierto meditando sobre todo eso que había aprendido, si sería de esa forma realmente. Y decidí volver a dormirme para continuar con la Obra. Pero al volver al sueño me había olvidado. Y discutía alternativas con alguien hasta que entró en la habitación Aníbal Varela, dirigiente sindical de Adeom, pidiendo silencio y discreción y cerrando la puerta para que nadie escuche.

El tema es que escuché un ruido en la lámpara de la mesa de luz (llamarele de esa forma) y me desperté. Intenté prenderla pero no funcionaba. Eran las tres. Muchas veces me despierto a las tres en punto.

jueves 15 de noviembre de 2007

Arácnido en tu pelo II

Otra vez arañas.

No es la primera vez, no será la última.

Pero esta vez fue un tanto más original: las arañas eran de especies de lo más curiosas, que me inventé, seguro.

¡Como si no fuera suficiente con las que existen, inventé unas nuevas!

Con patas color verde venenoso, azul eléctrico, cuerpos enormes…

Y yo tenía que alcanzar una llave a través de ellas y sus telarañas enormes.

Pero

Qué bueno que en mis sueños siempre aparece Júpiter. Éstas, aunque originales, también se murieron.

-¿Y la llave? ¿Qué abría?

Ah, ése es otro sueño.

jueves 8 de noviembre de 2007

bebé

Vuelven los sueños recurrentes.

- ehhh Claro, por ESO son recurrentes.

Bueno, a no molestar que todavía estoy un poco dormida y alterada.

-cuente, vamos.

Es así: Otra vez tengo un hijo y mi hijo es de juguete. Es decir: un bebote (como comprenderán todas las niñas de este país)

El problema es que nadie, salvo yo, parece notarlo. Fue bastante aterrador en el sueño ver a todos tratando a mi “hijo” como un bebé de verdad y este no se movía. Apenas movía los ojitos

-Se nota que tenés unos añetes… ahora los bebés lloran y se hacen pis.

Bueno, en MI época sólo cerraban los ojos, como éste. Era rubiecito (no sé a quien sale) porque al padre no. Y este detalle tampoco me gustó, el padre era un maestro que viaja todos los días en el mismo bus que yo. Claro, en el sueño era armenio, un detalle curioso.

Sí fue algo gracioso decirle al tipo, con el que nunca hablé salvo algún saludo, que tenía un hijo conmigo.

Bueno, el asunto es que me aterraba tener este bebé, aunque era de juguete. Porque mi miedo era que le pasara algo, y como en los demás sueños, terminó perdiendo la cabeza.

Ahí me desperté del sobresalto.

-menos mal.

viernes 19 de octubre de 2007

ET

Otra vez soñé con extraterrestres.

Pero esta vez eran menos avanzados: la nave era una especie de globo que se iba desinflando… así fue que cayeron en la tierra.

Pobres.

viernes 14 de septiembre de 2007

Pajarito

No lo soñé yo sino Milo, quien me permite transcribirlo aquí.

Estaba en un lugar, alguien me hablaba, era una voz masculina que me hablaba como si estuviera dentro de mí. No vi su cara, no sé quién era, veía oscuro, negro. La voz me dijo que había un pajarito que estaba mal, que podía morirse, que lo ayudara, que yo le podía dar vida. Enseguida comencé a caminar y vi al pajarito solo en un nido. Había unas rejas, una jaula pequeña. Era un canario o un mixto, estaba tan demacrado que era difícil saberlo. Quietito en el nido, tenía pocas plumas y algunas se veían negras, como quemadas, pegadas al cuerpo. Abrí la jaula, lo acaricié, me dio mucha pena, me entristeció verlo así. Lo soplé y sus plumas se movieron, parecía que se multiplicaban. Y así era. Se movió. Lo volví a soplar, más fuerte y más fuerte cada vez. Siguió teniendo el mismo efecto, las plumas negras desaparecieron y dieron lugar a muchas plumas amarillas, mientras el pajarito se movía. Hasta que en un momento las movió tanto que salió volando hacia mí, pasando por el costado de mi cara. Lo sigo con la mirada hacia arriba y en eso suena el despertador.

miércoles 29 de agosto de 2007

Insectos

Pasé la primera mañana enfermo, retorciéndome en la duermevela, rabioso. En el sueño el hombre no tenía rostro pero poseía un insecto vivo clavado a la pared por cada hora del día. El lugar era ominoso, se olía la humedad, supuse que era un granero en invierno. Pensé, no sé por qué, en la campiña inglesa o en la neerlandesa (que conozco un poco). Pese a prestar atención, no comprendí sus explicaciones sobre el funcionamiento de su reloj. Los insectos variaban pero todos estaban vivos y se movían en algo que yo interpretaba como un deseo de liberación pero que de alguna manera daba la hora exacta. Uno de ellos, un alguacil, se soltó del clavo y se metió por la manga de mi pantalón. Noté que la pierna elegida era la derecha y que yo soy diestro; en el sueño, en un estado de semianálisis que nunca puedo evitar, me dije que eso debía significar algo. Me veo sacudiendo bruscamente el cuerpo, intentando que el insecto se vaya. Lo siento recorrer mi pierna, desplazarse lentamente sobre la piel. En un segundo dudé de que realmente fuera una libélula. Luego presentí una araña y mi horror (soy aracnofóbico) me catapultó del sueño a un dolor de pecho horrendo que aún sigue, tres horas después. La cama es un desorden. Perfecto espejo de mi vida, dicho sea de paso.

martes 14 de agosto de 2007

pesadilla

El dolor del sueño de hoy todavía perdura...

Época de crecidas, como vi varias este año. Estaba toda mi familia, también mis sobrinas. En el sueño jugaba con ellas, hasta que me piden para ir con los padres, que estaban cerca. Las dejé ir, me entretuve con algo que no recuerdo.

Después, cuando me reúno con ellos veo que Martina, la más chica, no estaba y ahí la angustia. Empiezo a buscarla por todos lados, hasta que la encuentro flotando boca arriba.

Me digo que no está muerta.

La sensación del cuerpito frío, los ojos cerrados, los labios azules...

Sólo quiero olvidarme pronto de este mal sueño

viernes 8 de diciembre de 2006

pingüinesco

Lo escribo sólo para no olvidarlo. No tengo ganas de escribir y tampoco tengo mucho tiempo como para dedicarle.

Pero quiero rescatarlo del olvido porque es la primera vez que sueño con caricaturas.

Es de hace dos noches. Iba en un micro y en el iba un pingüino con su hijo.

Paso a describirlos: se parecían a los pingüinos de Madagascar, pero más amables. Sus voces eran las típicas para un padre y un hijo de cualquier animación y hablaban en español neutro.

Aclaro: Vázquez Melo no tiene nada que ver con esto. Me fastidia nombrarlo, pero nunca falta el inoportuno.

La cuestión del sueño es que el hijo tenía algunos problemas, no sé cuales. Y el padre le decía que tenía que barrerlos. Su hijo lógicamente no entendió, es por eso que el pasa a darle una clase práctica de cómo barrer los problemas. Y en esto no había metáfora alguna.

El padre despierta a un pájaro carpintero amigo suyo (porque era de noche) y le pide que le haga una escoba, que es más parecida a un lampazo, porque era para barrer nieve. Y así es que frente a un iglú el padre le enseña al hijo a barrer los problemas, bajo la mirada amigable del pájaro carpintero.

Como en cualquier película de Disney, ese momento tan tierno e importante está dentro de una canción con coreografía.

Y no, de la música no me acuerdo.
Yo, obviamente, me identificaba con el pequeño pingüino. Y como es un sueño infantil, así de fácil es su interpretación, creo yo.

sábado 28 de octubre de 2006

....déjame que duerma nodriza en paz....

Nuevo sueño recurrente.

Una bruma blanca se eleva desde el mar, es niebla y es salitre. Ráfagas de viento hacen que la humedad te llegue al cuerpo y al pelo... las gotas saladas resbalan hasta mis ojos... no puedo ver... aunque no hay nada para ver más que la bruma.

El viento se hace más fuerte y los mechones de pelo mojado dan contra mi cara... es un viento frío... que no disipa la niebla, al contrario, parece cada vez más espesa.

Hasta ese momento estoy quieta, parada en un muro de cara al mar, aunque no lo veo. Me quiero ir a casa... pero sé que está lejos. Tampoco hay alguien cerca como para pedir ayuda alguna. Si bien estoy en lo que es una rambla (en el primer sueño era las del Parque Rodó... en el segundo no se) no pasan autos, no se escucha ningún movimiento humano... si, estoy sola ahí sin saber qué hacer ni a dónde ir... empiezo a caminar, pero camino hacia el mar... y después me despierto.